Hasta ahora, las bocas de las personas que la habían visto antes se llenaban con dos significativas palabras: "obra maestra". Todo aquel que le echado un vistazo la tiene en el primer puesto de sus filmes favoritos del 2018. No son pocos los que la califican como una de las mejores películas de esta década. Incluso hay críticos que no dudan a la hora de colocarla entre las mejores del nuevo siglo. Hacía mucho tiempo de la última vez que crítica especializada y público estuvieron tan de acuerdo. Era obvio que, ante toda esta expectación, yo apenas podía contener mis ganas de verla. ¿Y bien?
No voy a andarme más por las ramas. A estas alturas podréis intuir que Roma me ha parecido, personalmente, una obra común tirando a mediocre, y la película más sobrevalorada del año. Fácilmente.
Si no eres una persona capacitada para leer puntos de vista contrarios a los tuyos, te recomiendo encarecidamente que abandones este post de inmediato. Ahora mismo voy a contracorriente de la opinión general, así que no espero una cálida acogida para esta crítica... pero no me importa en absoluto. Solo te pido que, si te interesa, leas lo que tengo que decir sobre Roma antes de comentar. Voy a ser 100% sincero y argumentaré el porqué de mis palabras lo mejor que pueda. Vamos allá.
Roma es una de las películas más hermosas y visualmente mejor realizadas que he visto en mi vida. Cuarón ya demostró con Gravity la maestría que posee manejando la cámara, sin embargo, es con esta cinta que ha logrado su nivel más alto. Las imágenes poseen una sensibilidad inaudita, una belleza que quita la respiración y una cantidad de detalles simplemente abrumadora. Cada plano es una delicia que invita al espectador a introducirse en el mundo de blanco y negro retratado por el director. Los movimientos de cámara son precisos y depurados. Me siento agobiado con solo imaginar el inmenso trabajo que se ha puesto en la ejecución de las escenas. La dificultad que algunas de estas conllevan, combinada con el exquisito resultado final obtenido, logran que Roma ya sea un producto digno de admiración.
Ahora bien, la fotografía no solo tiene una estética impecable de su parte.También hallamos momentos de gran angustia rodados con la intención de hacer sentir al público que está ahí mismo, observando lo que ocurre. En ocasiones, deja de dirigir nuestra mirada y utiliza las imágenes estables. Así nos fuerza a quedarnos fijos presenciando los hechos para aumentar la sensación de agobio y desesperación. El hiperrealismo que ha alcanzado Cuarón merece una mención aparte, pues lo que vemos realmente cobra vida delante de nosotros.
Por ahora, me he dedicado exclusivamente a alabar Roma. Sé que todavía no he sacado a relucir sus defectos como he prometido al principio de la crítica, pero no os equivoquéis: es mi intención hacerlo. Si elimino lo ya mencionado, creo firmemente que la película no tiene mucho más a favor.
Soy consciente de que puedo llegar a ser pesado con esto, no obstante, lo considero un factor de importancia capital: para calificar de "buena" a una película, esta tiene que emocionarte. Ha de ser capaz de atraparte, de moverte por dentro, de ponerte bajo sus pies y hacerte sentir las sensaciones que ella quiera. Roma es preciosa, sí, pero no consigue emocionar un poquito por más de dos o tres escenas concretas en un metraje de dos horas.
¿A qué se debe esto?
Según yo lo veo, son varias las razones. Primero, la historia está completamente descentrada y no sigue un hilo fluído. Se distrae continuamente perdiendo el tiempo con escenas que poco o nada aportan a la película, dejando así de lado la trama principal. En consecuencia, el interés y la empatía del espectador por los personajes se reduce al mínimo. Es como si el director estuviera más interesado en demostrar sus habilidades puramente visuales en vez de contar su historia de forma satisfactoria. El tío sabrá construir escenas magníficas, pero, ¿de qué le sirve, cuando esas mismas escenas no tienen nada que decir y, por lo tanto, se sienten vacías?
Admitámoslo: el argumento de Roma puede pertenecer a una telenovela de cuestionable calidad sin ningún problema. Es un cliché bastante recurrente. Sin embargo, eso no tiene por qué ser algo negativo. Yo soy el primero que recibe abiertamente la sencillez ya que, si nos ponemos estrictos, ninguna producción sería "original" en su totalidad. El problema de esta película es que su historia es excesivamente simple y plana, tanto, que podría haber sido contada en 25 minutos y no nos habríamos perdido nada. Como ya he mencionado, Cuarón tiende a irse por las ramas en escenas irrelevantes, y alarga hasta el aburrimiento las otras con algún propósito que desconozco. Yo siento decir que alargar innecesariamente una escena no la hace más profunda. La hace más soporífera, y punto. Muy pocos directores han llegado a dominar la táctica de controlar el tiempo para conseguir que una película de ritmo lento no canse en ningún segundo. Alfonso Cuarón no es uno de ellos, porque su única pretensión es demostrar lo bueno que es moviendo la cámara. No aporta misterio ni atractivo al argumento mediante la imagen, ni engancha al espectador para que le interese lo que acontece. Roma no arranca hasta que le queda apenas media hora para terminar, momento en el cual ya nos ha perdido.
El público es un mero espectador de los hechos, y no un partícipe de ellos. Lo vemos todo desde la fría distancia e indiferencia.
Los personajes son, de nuevo, planos y arquetípicos. Tenemos (muy) pequeños destellos de profundidad exclusivamente en la chica protagonista. Del resto no hay nada, la familia en conjunto apenas posee tres o cuatro escenas relevantes. No hay un contexto mínimo de la agitación que ocurre en el lugar donde es ambientada la historia (a la que se dedica una única escena). No me he "trasladado" al barrio de Cuarón, no sé nada de él ni de su gente. Así, solo se consigue que los espectadores nos mantengamos más alejados aún de la trama. Encima, el drama humano es inexistente, porque no hay atisbos de evolución ni hay arcos argumentales definidos. ¿Cómo nos puede importar la situación de la familia si no sabemos ni los nombres de quienes la forman? Roma se ha entretenido tanto en estúpidos personajes superficiales soltando la típica frase filosófica que no viene a cuento de nada, que ha olvidado dar tiempo a lo importante de verdad. Solo hay algunas pinceladas de auténtica complejidad dispersas sin cohesión a lo largo de la película, que acaban por resultar insuficientes a la hora de crear una experiencia satisfactoria. Las actrices y actores no hacen trabajos destacables, aunque para ser sincero, tampoco contaban con mucho terreno donde trabajar.
A mí, Roma no me ha hablado. Quizás es mi culpa. Es posible que yo sea el único ciego y mi limitada mente no me permita ver más allá. A lo mejor mi perspectiva cambiaría con un segundo visionado... Una pena que la cinta ni siquiera me haya cautivado lo suficiente como para que me importe descubrir los supuestos detalles ocultos que no he percibido la primera vez.
Estoy comenzando a temer esta tendencia que está adoptando el cine actual, "alargar la historia lo máximo posible". No es mi intención ponerme nostálgico, mas no puedo evitar caer en la comparación: la mayoría de películas antiguas nos contaban aventuras complejas con grandes personajes y grandes diálogos en menos de dos horas, y aún les daba tiempo para plantearnos un extra de preguntas y respuestas metafísicas, filosofía y más. Este estilo tendrá sus desventajas (aunque ahora mismo no recuerde ninguna), pero no podemos negar que, cuando se hacía bien, era magistral. ¿Dónde ha quedado ahora? ¿Por qué no hemos aprendido de él? ¿Cómo es posible que estemos yendo tan erróneamente en la dirección contraria?
Así que, resumiendo: Roma de Alfonso Cuarón no es una película "mala", sino una del montón. Tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Sin embargo, ha sido declarada unánimemente como una obra maestra "íntima" o "reflexiva", y no es así. Yo la veo como una historia vacía y pretenciosa envuelta en una fotografía hermosa para cubrir unas serias carencias de guion. El director la alarga hasta la saciedad sin tener nada que contar para hacerla parecer más "profunda" de lo que realmente es. Se trata de la típica obra en la que ha dado más importancia a la estética que al contenido. Al final, es como comprar un caramelo con un envoltorio bellísimo, pero que al abrirlo no contiene nada en su interior, salvo el humo que me han vendido pretendiendo que yo también me una al carro y diga "pues sí, el caramelo está riquísimo". Pues no. Me ha sabido a poco.
6/10.